domingo, 22 de mayo de 2011

Mi corazón

Alzo la vista al techo de mi corazón
y está sellado por todos lados.
Un nubarrón negro y espeso le cubre,
le niega todo rayo de luz.
El fango de la tormenta todo lo llena,
sin una vía de escape para las emociones,
pasión en bruto sin drenaje.
Un corazón, mi corazón,
órgano enmohecido sin luz de vida,
escamas de soledad alrededor adheridas,
polvo de tristeza lo envuelve.
Fango y más fango, donde chapotean,
inconscientes de lo que les rodea,
la felicidad y esperanza.
Y con la mirada triste tras la ventana,
desfigurado por las gotas de agua,
el amor les observa pesimista y cabizbajo,
envidioso de la ignorancia, enojado,
desesperado por la pesadumbre que respira y le abate.
Sintiéndose castigado por el pasado,
con lágrimas en los ojos
que se pierden en las grietas del mañana.
Se ve reflejado en el cristal y
no se reconoce, gris, frío, sólo, árido como la nada.
Una mirada más a fuera,
una mirada más que le hunde en la desgracia
de la soledad de sentimiento.
Sin sangre que le de calor,
sin sangre que le de vida, sin ti.

Te quiero sin quererte

Te quiero sin quererte porque al no amarte … te amo. Incongruencias tan coherentes como la luna en un día soleado.
Te quiero desde dentro para no quererte hacia fuera. No amándote te amo en silencio porque te amo.
Porque una sonrisa tuya me da vida y si te amo no la tengo, por eso te amo desde dentro.
Porque una mirada tuya llena mis labios sin quererte … porque te quiero.
Te quiero sin quererte porque no me amas mientras te amo. Porque estoy lleno de sentimiento y pasión que consumen mi corazón de lado a lado.
Una pluma, un papel, … , así te amo. Te amo cuando estoy conmigo mismo porque yo solo te amo. El humo de un cigarro y una tenue luz me acompañan al son del roce del papel por mi amor, me acompañan mientras te amo en soledad.
Sólo, te amo, y porque te amo estoy sólo. Porque tu lo llenas todo, egoísmo de un pasado, porque te abrazo y te secuestro sin dejarte salir de este baúl en el que me he transformado.
Sin amarte te amo porque al no quererte te quiero.

Sobrevivo

Con tu primera mirada me robaste los sentidos, mi capacidad de pensar en otra cosa que no seas tu, hiciste tuyos mis ojos.
Con tu primer abrazo te aferraste a mi alma, invadiste mi mente y tomaste como prisioneras cada célula de mi cuerpo.
Con tu primer beso ya me enamoraste, impregnaste de ti mis labios, grabaste con el fuego del amor tu nombre en ellos, te llevaste mi corazón.
Con tu primera caricia despertaste la pasión en mi, erizaste cada pelo de mi piel, removiste mi interior, encendiste mi calor.
Con tu último adiós, …, me mataste con tu último adiós. Y sólo contemplo un ir y devenir de recuerdos plasmados con tinta, que son el único fluido que corre ahora por mis venas.
Ya no siento lo que siento, sino recuerdo. Ya no vivo, sobrevivo. Mi corazón ya no late, no palpita, sólo grita tu nombre, evoca tu pasado para crearse un presente.
Me enseñaste la luz y ahora no tengo velas que iluminen mi interior.
Cada vez que estoy a tu lado muero un poco más porque te quiero sin poder quererte. Mis palabras surgen del corazón y según salen de mis labios, …, el amor se convierte en querer, y la pasión en amistad.
Mi mirada nace cariñosa, cómplice y tierna pero a ti llega amistosa y fraternal. Mis besos surgen de mis entrañas, de lo más ardiente de mi alma para tornarse en tus mejillas en algo inocente sin más.
Te amo sin poder amarte, sin poder demostrarte que sin ti no tengo suelo que me sustente, ni oxigeno que me de vida. Sin ti mi sangre no es sangre, los colores pierden su brillo, no hay luz en el camino.
Y es por eso que me aferro a tu amistad, porque me da un respiro para poder seguir vivo. Una bocanada más de aire, una penumbra en la oscuridad. Y cegado por el miedo a dejar de existir … me conformo con sobrevivir.

lunes, 2 de mayo de 2011

Silencio

No consigo moverme, alzar la mano y alcanzar una puerta que tras de si esconde mil posibles preguntas o ninguna, mil respuestas o silencio, complicidad o desconcierto.
Apostado en las escaleras de tu portal a tan solo unos pisos de distancia, una guerra impregnada de temor entre mente y corazón se apodera de mi, temblando de miedo y envuelto en un sudor frío, con el alma encogida ante los gritos de mi conciencia.
El tiempo se enlentece, escuchando el paso de cada segundo, la brisa se torna huracán en mi corazón, paralizado, donde las llamas del infierno me enseñan un posible futuro a tan sólo unos minutos de distancia. No veo la luz que contrarreste tanta oscuridad, una señal.
Tantas posibilidades, tantas alternativas, y en mi solo cala el rechazo, que todo lo llena, que se hace grande ante el resto, bañando de soledad mi mirada.
Sintiéndome caer en el vacío, abrirte mi corazón después de tanto tiempo, poniendo un pie en el abismo. Un suicidio programado. Un desierto de polvo y arena se extiende ante mi, llanura yerma y seca, pedregal de silencios. Carente de todo resquicio de vida, recuerdo de abusos del pasado, un futuro incierto a partir de este mismo segundo.
El miedo gana la batalla, me enmudece las palabras, alma al suelo, corazón herido, débil, escondido, temeroso. Una vez más me doy la vuelta, la espalda a tanto sentimiento, invadido por la recompensa del cobarde, una amistad que mina poco a poco mi voluntad, mis ganas de amar, sembrando indiferencia ante toda emoción sujeta al amor.