Tras el espesor de las negras nubes,
tras esa cima inalcanzable en la niebla,
tras un duro y oscuro día
continúa sonriendo la vida.
Entre los rayos de la tormenta
la alegría se torna borrosa,
las lágrimas nos ciegan,
el cansancio nos tambalea,
pero aún sonríe la vida.
Continúa tu camino,
por tortuoso que fuera,
hasta alcanzar la sombra de la gracia,
cobijarte tras su paz,
respirar su tranquilidad
y tomar fuerzas para seguir.
Rodeado de tormentas,
de granizos de penas,
siempre habrá al otro lado
una sonrisa llena de vida
esperando a que lleguemos al final,
para volver a empezar.
Porque sólo cuando la tristeza baña nuestros ojos,
porque sólo cuando la pena pesa más que nosotros
y resurgimos como el sol cada mañana,
saborearemos la vida en todo su esplendor,
viviremos cada segundo como semanas,
aferrándonos a ella con todas nuestras ganas,
sabiendo que en cualquier instante
el claro del camino se volverá frondoso,
y de ahí al caos solo hay un paso.
Y una vez retomado el sendero,
sólo espero encontrar la fuente de tus ojos,
que me de agua de ti,
gotas de esperanza y valentía,
para poner un pie delante del otro
y mirar al destino desafiante,
porque yo estoy aquí,
y sé lo que tarde o temprano estará ante mí,
una vida feliz.